El reciente encuentro entre la embajadora estadounidense Leah Francis Campos y representantes de Dominicanos Primero, liderado por Santiago Matías, enciende alarmas sobre el abuso de la imagen diplomática con fines políticos.
En la naturaleza, las artes y la política, abusar desmedidamente de un recurso termina por agotarlo:
En los recursos naturales: La deforestación indiscriminada de una cuenca hídrica para explotación inmediata no genera riqueza sostenible; por el contrario, erosiona el suelo, seca los ríos y provoca sequías desastrosas.
En los recursos literarios: Una obra sobrecargada de adjetivos ostentosos o resuelta mediante giros forzados perdiendo el rigor narrativo termina por fatigar al lector y restarle toda credibilidad al texto.
En los recursos musicales: La saturación digital con Auto-Tune y la compresión extrema de sonido en busca de mayor volumen eliminan los matices orgánicos y provocan una rápida fatiga auditiva en el oyente.
En la diplomacia, la regla es idéntica. Utilizar a la embajadora como «sello de validación» para campañas es un error. La explotación mediática de esta relación corre el riesgo de:
Provocar cautela diplomática: Forzar a la representación de EE. UU. a enfriar o distanciar sus contactos públicos para no proyectar un aparente favoritismo político.
Mermar el respaldo internacional: Generar desconfianza en el ámbito diplomático respecto al manejo reservado y ético de las relaciones bilaterales.
Causar fatiga en el electorado: Proyectar ante la ciudadanía que el proyecto depende de “padrinazgos externos” en lugar de sustentarse en propuestas programáticas sólidas y debates de fondo.
Si la propuesta se llama Dominicanos Primero, lo coherente es priorizar los intereses del país. Hacemos un llamado a la sensatez: los apoyos internacionales se cultivan con visión de Estado, no con el consumo acelerado del espectáculo mediático.




