Hace tres días lancé en mis redes una encuesta directa y sin filtros: ¿Qué le ha hecho más daño a la República Dominicana? El resultado, con 1.100 votos en apenas 72 horas, no deja lugar a interpretaciones complacientes.
Se trató de una consulta abierta, transparente y en tiempo real a través de plataformas digitales. No fue un estudio demoscópico con muestreo probabilístico ni estratificación por edad, género o provincia. Fue, deliberadamente, una radiografía del sentir popular de la ciudadanía activa y crítica que sigue el debate nacional. Ese es su valor y su límite: refleja la percepción espontánea de más de mil dominicanos y dominicanas que, sin intermediarios, expresaron su diagnóstico. Y el veredicto fue aplastante.
Resultados detallados:
El 71 % de los votantes señaló sin titubeos a “los políticos y los partidos” como el principal factor de daño. Ese porcentaje no es una anécdota; es una sentencia popular contra el sistema político dominicano. Mientras el 27 % reconoce el peso real de la migración irregular haitiana —tema grave, sensible y que exige políticas de Estado firmes—, la inmensa mayoría entiende que el origen estructural de nuestros males no está afuera, sino adentro: en el clientelismo, la corrupción institucionalizada, la impunidad y la captura del Estado por parte de las cúpulas partidarias.
Miremos la imagen que acompañó la opción “políticos y partidos”: los logos del PLD, FP, PRM y Alianza, junto al dato público de que los partidos recibieron más de RD$9 mil millones del Estado en los últimos cuatro años. Esa cifra no es un detalle; es la prueba material de que el erario público sigue financiando la maquinaria electoral mientras hospitales colapsan, escuelas se caen a pedazos y miles de jóvenes emigran buscando lo que aquí no les dan.
El 1 % asignado a fenómenos naturales y crisis económica mundial revela algo profundo: la ciudadanía ya no compra el discurso victimista de “fuerzas externas”. Sabe que huracanes siempre han azotado la isla y que la economía global afecta a todos, pero también sabe que otros países caribeños con menos recursos han gestionado mejor sus vulnerabilidades porque tienen élites políticas menos depredadoras.
Este resultado es un aldabonazo al sistema. Durante décadas hemos visto la misma coreografía: cambio de gobierno, mismos vicios. Se alternan en el poder PLD, PRM y ahora FP, pero la cultura política sigue intacta: prebendas, contratos inflados, nombramientos por lealtad y cero rendición de cuentas. Mientras tanto, la migración haitiana —que sí genera presión real sobre empleo, seguridad y servicios— se usa cíclicamente como cortina de humo para eludir la discusión de fondo: ¿por qué un país con ingresos fiscales millonarios sigue siendo incapaz de ofrecer dignidad a su propia gente?
El pueblo dominicano, en esta encuesta, ha hablado con claridad brutal: el mayor daño se lo hemos hecho nosotros mismos a través de una clase política que ha convertido la República en botín. Es hora de dejar de fingir que el problema es solo “el vecino” o “el clima”. El problema central es el sistema de partidos tal como existe hoy: obsoleto, costoso e inmoral.
La ciudadanía ya lo sabe. Ahora falta que los actores políticos —o los que vengan a reemplazarlos— lo entiendan antes de que la paciencia nacional se agote por completo.




