Recientemente, el comunicador Manuel Cruz puso el dedo en la llaga al analizar magistralmente la candidatura presidencial de Claude Joseph por el partido EDE en Haití. Como era de esperarse, el ex primer ministro haitiano no tardó en victimizarse, utilizando plataformas como la cuenta @haitienespanol para intentar desviar la atención de su paupérrimo historial político. Joseph busca presentarse como el salvador de una nación en ruinas, cuando en realidad su único capital ha sido, y sigue siendo, el ataque sistemático y visceral contra la República Dominicana.
Tal como señalamos en nuestra cuenta de X, @Jaimebobadilla1, no podemos darnos el lujo de tener memoria corta. Este es el mismo Claude Joseph que, desde el poder, enfiló sus cañones diplomáticos contra el pueblo dominicano, utilizando epítetos irresponsables para encubrir su propia incapacidad de gobernar. Su retórica hostil del pasado no fue un accidente; fue una estrategia finamente calculada para unificar a una base radical haitiana a costa de la paz bilateral. Su currículum está manchado de provocaciones que obligaron a nuestro país a tomar medidas drásticas de seguridad.
Que nadie se llame a engaño. Si Claude Joseph logra sentarse en la silla presidencial de Haití, el Estado dominicano debe prepararse para una nueva era de hostilidades. El populismo de Joseph se alimenta del conflicto, y una victoria suya significaría el retorno inminente de los ataques en foros internacionales, las crisis diplomáticas prefabricadas y la amenaza constante de cierres fronterizos. Un vecino con este perfil no busca soluciones compartidas; busca un enemigo útil para justificar su fracaso.
La República Dominicana debe estar a la altura de las circunstancias. La diplomacia enérgica, la protección irrestricta de nuestra soberanía y la claridad ante la comunidad internacional deben ser nuestra única respuesta ante un provocador profesional.



